Marnie, la ladrona
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| Director: Alfred Hitchcock
Producción: Alfred Hitchcock, Universal Guión: Jay Presson, basado en una novela de Wiston Graham Música: Bernard Herrmann Intérpretes: Sean Connery (Mark Rutland), Tippi Hedren (Marnie Edgard), Diane Baker (Lil Mainwaring), Martin Gabel (Sidney Strutt), Louise Latham (Barnice Edgar, madre de Marnie), Bon Sweeney (el primo Bob), Alan Napier (Señor Rutland), Mariette Hartley (Susan Clabon), Bruce Dern (marinero borracho) y Henry Beckman, Edith Watson, Meg Willye. Duración: 125 minutos, Technicolor |
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Marnie Edgar es una ladrona que, cada vez que comete un delito, cambia de identidad y de lugar de residencia. Después de cometer su cuarto robo se traslada a Filadelfia para trabajar en una oficina perteneciente a Mark Rutland, un joven ricachón que reconoce a Marnie en cuanto la ve, pues casualmente ya había trabajado para él. Pese a todo la contrata como secretaria sin darle a entender que conoce su secreto. Días después Marnie huye con el dinero de la caja fuerte, siendo descubierta por Mark en el rancho donde se refugia. En lugar de denunciarla le propone un trato que consiste en casarse con él, pues se siente tremendamente atraido por ella. La chica no puede hacer otra cosa que aceptar pero el viaje de novios en barco es un desastre. Marnie sufre terribles y constantes pesadillas, siente horror por el color rojo y además es frígida. Incluso intenta suicidarse después de que Mark le hace el amor por la fuerza. A su vuelta el desconcertado marido contrata un detective y descubre que Marnie no es huerfana como ella le había contado, y que la posible causa de todos sus trastornos puede estar en un terrible trauma infantil que ella ha olvidado y que debe revivir con su madre para curarse.
Marnie, la ladrona fue hecha en un momento de crisis personal en la vida de Hitchcock. Se habló mucho de los preparativos de esta película y todo estaba preparado para que representara el regreso a la gran pantalla de la princesa Grace Kelly, pero su pueblo se opuso en rotundo y tuvo que renunciar, provocando el consiguiente enfado del maestro. Así, la elegida para interpretar a la frígida cleptómana fue Tippi Hedren, actriz que Hitchcock lanzó al estrellato y cuya vida intentó controlar hasta límites insospechados. Todo el rodaje estuvo rodeado de historias oscuras a causa de esa intensa fijación. Ya metido en la producción Hitchcock cometió el pecado de hacerle proposiciones sexuales a su estrella en un remolque y, cuando se vio rechazado, se convirtió de la noche a la mañana de protector en enemigo, negándose incluso a dirigirla personalmente y dándole órdenes a través de sus ayudantes. Cuentan incluso que dejó de preocuparse por los detalles técnicos, los efectos especiales y, en general, por todo lo que le rodeaba, convirtiendo el plató en un infierno de tensiones, algo que saboteó parcialmente el resultado final de una película en la que Hitchcock intentó presentar un amor fetichista al estilo Vértigo, o lo que es lo mismo: los deseos irracionales de un hombre que desea acostarse con una mujer por el simple hecho de ser una ladrona.
Lamentablemente las críticas no fueron muy alentadoras y el resultado en taquilla (apenas tres millones de dólares de recaudación en USA) resultó muy flojo dadas las espectativas creadas. A pesar de todo y con toda justicia el tiempo ha situado Marnie como uno de los fracasos más fascinantes de Hitchcock. "Los cinéfilos de la UCLA están diseccionándola constantemente para ver como se había hecho" reveló recientemente Sean Connery y directores de la talla de de Francis Ford Coppola, George Lucas o el propio Truffaut se han declarado repetidas veces admiradores de la película. Incluso algunas escenas muy criticadas por sus enemigos (determinadas secuencias, transparencias y telones de fondo demasiado obvios) han contribuido a su reputación como obra de culto (fallos que algunos criticos y teóricos afirman que eran deliberadas regresiones a un estilo expresionista). Por si fuera poco la música de Bernard Herrmann engrandece aun más un fracaso infinitamente más complejo y fascinante que los éxitos de la mayoría de los directores.