El jardín de la alegría
(1925) ![]()
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| Director: Alfred Hitchcock
Producción: Michael Balcon (Gainsborough), Eric Pommer (Emelka-G.B.A) Guión: Eliot Stannard, según la novela de Oliver Sandys Fotografía: Barón Ventimiglia Ayudante de dirección: Alma Reville Intérpretes: Virginia Valli (Patsy Brand), Carmelita Geraghty (Jill Cheyne), Miles Mander (Levet), John Stuart (Hugh Fiering) Duración: 72 minutos, B/N, muda |
Patsy es una corista que trabaja para la compañía de teatro "The Pleasure Garden" (El jardín de la alegría). Un día consigue un empleo para su protegida, una chica llamada Jill que está prometida a Hugh, un joven militar que poco después emprende un viaje hacia el Trópico con la intención de unirse a la colonia inglesa. A su vez, Patsy se casa con Levet, un amigo de Hugh. Ambos se van de luna de miel al lago de Como, después de lo cual Levet parte también para el Trópico. Jill retrasa sin cesar el momento de ir a reunirse con su novio y acaba abandonándolo, emprendiendo una desvergonzada y frenética carrera teatral en Londres mientras que Patsy viaja al otro extremo del mundo para ver a su marido, que según las noticias que le han llegado está enfermo. De enfermo nada, y cuando la chica llega le pilla "in fraganti" en brazos de una bella indígena. Ella quiere romper y Levet se vuelve loco, empujando a la indígena al suicidio y dejando que se ahogue en el mar. Más tarde, cuando trata de matar a Patsy es abatido a tiros por el médico de la colonia. La pobre viuda rehará su vida con Hugh, que como ya sabemos ha sido abandonado por la pendona de Jill (menudo lio)

Primera película de Hitchcock como director tras varios proyectos frustrados e inacabados. Después de varios años desempeñando todo tipo de trabajos en el mundo del cine, el productor Michael Balcon (principal mandatario de la entonces potente productora británica Gainsborough) propuso al joven Hitch rodar esta coproducción anglo-germánica. Una melodramática historia basada en una popular novela de Oliver Sandys, que dio lugar a una película algo insulsa sí, pero sobradamente entretenida, salvada y enriquecida a su vez por la incipiente creatividad y gusto por el detalle del aun bisoño director. "La famosa escena inicial (con las chicas del coro con las piernas al aire, descendiendo por una escalera de caracol hasta un escenario, donde son ávidamente inspeccionadas por unos espectadores) es, en cierto modo, un anticipo de escenas, imágenes y temas que tendrán, en posteriores films, una importante resonancia psicológica: la vertiginosa escalera, el impulso al voyeurismo, el teatro como un ensayo al drama de la vida real..." (Donald Spoto). Un buen comienzo que se vio refrendado por un aceptable éxito de crítica y público, aunque su mejor cine iba a seguir unos derroteros distintos en los años venideros.