James Stewart trabajó todos los generos
cinematográficos posibles a lo largo de su prolífica
carrera, siendo además el actor fetiche de varios
de los mejores directores americanos de la época, entre
ellos como no, del propio Hitchcock, que presentó al actor
con una nueva personalidad, muy alejada del tipo frágil
e idealista moldeado por Frank Capra, aprovechándose de
su peculiar físico y de su vulnerabilidad para dotar a
sus personajes de un inquietante perfil psicológico lleno
de claroscuros. Su rostro, sometido a menudo por el director a
un feroz escrutinio (por medio de primeros planos) refleja casi
siempre la angustia de un hombre normal y corriente atrapado por
sus propios fantasmas y dramas interiores. Todo esto dio como
resultado las mejores y más complejas interpretaciones
de su carrera en una colaboración que se extendió
a lo largo de cuatro películas.
Al contrario de Cary Grant, Stewart representaba también la cara oculta del genio y se convertia a menudo en un alter ego del director inglés, sacando a relucir sus deseos más oscuros: teórico del asesinato en La soga (Rope), película que suspuso su primera colaboración y cuyo resultado no hacia presagiar nada bueno en la relaccion de ambos, pues James Stewart estaba convencido de que el proyecto era una locura y acabaría fracasando. Voyeur obsesivo en La ventana indiscreta (Rear Window), film que aceptó rodar sin cobrar ningún salario a cambio de una sustanciosa participación en los beneficios de la misma. Manipulador de la mujer rubia en El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much) o personaje obsesivo y enfermizo intentando recuperar a la mujer de sus sueños en Vertigo, quizás la mejor interpretación de su carrera, pese a que Hitchcock atribuyera el fracaso comercial de la misma al rosto abatido de actor a lo largo de todo el film (aunque lo raro hubiera sido verle dar saltos de alegria, digo yo).