Mediada la década del cuarenta, llegó a Hollywood
un joven diseñador neoyorquino (traído por el Departamento
de Publicidad de la Warner Bros), que iba a revolucionar un elemento
del séptimo arte hasta ese momento menospreciado: el de
los títulos de crédito. Su nombre: Saul Bass. Sus primeros trabajos en la meca del cine
fueron la realización de carteles publicitarios para los
films, aspecto que también revolucionó; enfrentándose
con los conceptos establecidos que profesaban la "obligatoria"
aparición de las fotos de los protagonistas en los afiches.
Bass introdujo diseños abstractos transformando los simples
carteles en una nueva forma de expresión artística.
En la década de los cincuenta la Saul Bass & Associates Inc. era una exitosa empresa publicitaria, cuando recibe los primeros encargos para la realización de los "fondos" de los títulos de crédito de algunas películas. En la preparación de su trabajo, Bass descubre que los títulos no suelen tener ninguna relación con el posterior desarrollo del film, por lo que se "perdían" entre dos y tres minutos de metraje para el desarrollo de la historia. A partir de Bass, como sostiene Truffaut, "los títulos se convirtieron en una pequeña narración, abstracta o concreta, que intentaba metaforizar la historia a la que estaban introduciendo... Las secuencias de títulos comenzaron, a partir de allí, a integrarse con la ficción, a expresarla mediante un juego gráfico".
Así las cosas Hitchcock no tardó en darse cuenta de que sus creaciones eran el complemeto ideal para sus películas, por lo que juntos realizaron algunos de los títulos de crédito más recordados y memorables, no sólo de la carrera de Hitchcock, sino de toda la historia del cine: la obsesiva espiral envolvente que refleja el "eterno retorno" de James Stewart intentando recuperar a la mujer perdida en Vertigo; las líneas que se entrecruzan, casi como caprichos del destino, y que se transforman en el edificio cotidiano de donde sale el intrépido Cary Grant en Con la muerte en los talones (North by Northwest) o las líneas entrecortadas (nuevamente el destino), pero esta vez sesgadas de golpe, casi casi como si un cuchillo las hubiera rasgado en los títulos de crédito de Psicosis (Psycho)...son sólo tres de los mejores ejemplos de este genio en la sombra.