Compañera inseparable del orondo director ingles y una de sus más fieles e influyentes colaboradoras (más que cualquier otra rubia de su filmografía), fiel hasta las últimas consecuencias y comprensiva donde las haya con los deslices amorosos de su marido, Alma Reville fue sin duda la persona más importante en la vida del director y la única capaz de influir en el resultado final de todas sus películas. Sin ir más lejos es mencionada repetidas veces por Hitchcock en su entrevista con Truffaut: "Alma era mi crítico más áspero y era capaz de ver la más minima inconsistencia en todas las películas".

Se conocieron en 1924, en la Famous Player Lasky, mientras ella trabajaba como montadora y el joven e inocente Hitchcock daba sus primeros pasos como director. El tímido Alfred le pidió que saliera con él y desde entonces no se separaron, casándose pocos meses después. Trabajaron codo con codo en la elaboración de todas sus películas, elaborando muchas veces personajes, guiones y situaciones casi autobiográficos, como en el caso de Ricos y Extraños (Rich and Strange) en su etapa inglesa, o en el de Yo Confieso (I Confess), por poner un ejemplo más conocido, en su etapa americana, donde la mujer del asesino, que incluso se llama Alma, se debate entre los problemas de su marido y las dificultades de una pareja inmigrante en un pais extranjero. Tuvieron una hija, Patricia, que también intervino en varias películas de su padre, lo que en ocasiones convertía las películas en obras casi familiares. Dice el refrán que detrás de todo gran hombre casi siempre hay una gran mujer, y este es uno de los casos más representativos de que esta máxima se cumple.